26 marzo 2013 | admin
Estábamos tuiteando @luisete, @VicenteAlfonso, @davidgamez y yo sobre qué hacer cuando cierre Google Reader y cómo Reeder, Feedly o NetNewsWire, entre otros, tendrán que desarrollar sus propios servicios de sincronización.
En medio de la conversación surgió el asunto de por qué Google puede haber decidido cerrar Reader, que si por potenciar Google+ o lo que sea, pero aún respetando que es su producto y que tienen todo el derecho a hacer con él lo que quieran, todos coincidíamos en que este tipo de decisiones, en especial con un producto tan popular, o al menos tanto con los usuarios avanzados es contraproducente.

Google Keep… calm and use Evernote
— Mauro A. Fuentes (@Fotomaf) 21 de marzo de 2013
Hey, @google, remember last Spring cleaning, when you killed Reader? Now take Google Keep and stick it up your ***…
— Enrique Dans (@edans) 21 de marzo de 2013
Porque, teniendo en cuenta que la esperanza de vida de los productos extra de Google es de cuatro años, ¿quien se va a arriesgar con Keep, la versión de Google de Evernote?
Enrique Dans cree que lo que está haciendo Google con este tipo de decisiones es alienar a sus usuarios, aunque Antonio Ortiz lo ve como algo más emocional que racional.
En cualquier caso, dice Phil Libin, el CEO de Evernote, que tras el anuncio de Google Keep han apreciado un aumento en las descargas y uso de Evernote gracias a que el anuncio de Keep ha hecho descubrir este tipo de software a más gente.
Yo, por la parte que me toca, pienso seguir el consejo de @fotomaf y quedarme con Evernote, gracias.
# Enlace Permanente
Link original:Google Keep, dos ¡zas, en toda la boca!
26 marzo 2013 | admin
La herramienta de vídeo de Twitter, Vine, de la que hablamos cuando fue lanzada, comienza a definir un futuro para el formato: James Mangold, director de la película “The Wolverine“, anuncia su estreno con un tweet y una presentación en seis segundos en Vine, dando lugar a un nuevo formato al que hábilmente denomina “tweaser” (Twitter teaser).
Puede parecer puramente anecdótico, pero no lo es en absoluto: hablamos de un estreno de una película de uno de los principales estudios de Hollywood. Sin entrar en consideraciones sobre su mejor o peor calidad, hablamos de una de las mayores expresiones de producto mainstream que existen, con un presupuesto estimado por encima de los cien millones de dólares. Habíamos visto ya algunas marcas conocidas recurrir a Vine para su publicidad desde que salió el enero pasado, algunas en España, pero el uso de la herramienta por parte de un estudio de Hollywood marca, sin duda, un salto conceptual en la consideración, además de dar sentido a los formatos publicitarios de Twitter. En la era de la televisión, los spots tenían una duración habitual de veinte o treinta segundos, y eran completamente unidireccionales. En la era internet, la publicidad vendrá en piezas de seis segundos, y tendrá canal de retorno y funciones sociales avanzadas.
Lo dijimos en su momento: había que ir pensando qué podía hacer tu marca en seis segundos, y cómo, en esos seis segundos, iba a plantearse los mecanismos intrínsecos de la viralidad capaces de hacer que se despertase el interés. Un interés que ya no proviene de la interrupción en el momento adecuado, sino de las características del mensaje y de la marca que lo promueve. Marcas que tendrán que ganarse la legitimidad a base de producir mensajes que valgan la pena, si quieren que alcancen el derecho a ser reenviados, contestados, retweeteados o marcados como favoritos. Engañar creando cuentas falsas no va a funcionar, y además se notará: en la red no se puede engañar a muchas personas durante mucho tiempo. Si tus mensajes no valen la pena, si no interesan, si son cansinos porque ya estoy harto de verlos en otros sitios, o si simplemente me caes mal y no obtienes mi empatía, obtendrás como efecto una mala reputación y una menor eficiencia en forma de clickthrough con respecto a tus competidores: si tu trato a los clientes te lleva a caer en ese pozo, puede que te resulte muy difícil salir. Hablamos de otros mecanismos, otra operativa, otros sistemas, otras habilidades. Mucho más que un simple cambio de formato.
Puede parecer un detalle anecdótico, pero está muy lejos de serlo. Estamos empezando a vislumbrar todo un cambio de época.




Link original:Un futuro en seis segundos
25 marzo 2013 | admin
El pasado 11 de marzo, la habitualmente bien informada Kara Swisher desveló en AllThingsD la posible adquisición de Pulse, una app de lectura de noticias, por parte de LinkedIn, por una cantidad que oscilaba entre los cincuenta y los cien millones de dólares. La noticia fue recogida de manera casi instantánea por infinidad de publicaciones, pero desde ese día se ha sabido muy escaso, y la operación aún no ha sido anunciada por ninguna de las dos partes implicadas.
LinkedIn es una de las empresas más coherentes y estables del panorama tecnológico. Con un crecimiento saneado y sin sobresaltos que la llevó a tener números negros desde 2010, la compañía fundada por Reid Hoffman en 2002 salió a bolsa en mayo de 2011, y ha sido capaz de mantener un saneado balance de ingresos muy bien diversificado entre tres fuentes: cuotas de usuarios premium, cuotas de empresas que lo utilizan como fuente de talento en sus procesos de recruiting, y una publicidad no intrusiva que resulta ideal para muchos tipos de compañías, particularmente en entornos business-to-business. En toda su estable historia de más de una década, la compañía solo ha llevado a cabo dos adquisiciones, ambas en 2012 (Rapportive y SlideShare), además de hacerse en el mismo año con las patentes de Digg, incluida la de “hacer clic para promover una noticia”, por cuatro millones de dólares. Claramente, hablamos de una empresa que medita y planifica mucho sus adquisiciones, y que tiende a priorizar el crecimiento estable y autogenerado.
Pulse es una app producto de Alphonso Labs, una pequeña compañía creada por dos estudiantes indios de Stanford, que emplea ya a veintiséis personas, y que es pretendida no solo por LinkedIn, sino también por empresas como Facebook, Yahoo!, Gannett o Amazon. Con unos veinte millones de usuarios en todo el mundo, la compañía saltó a la fama cuando fue mencionada por Steve Jobs en el escenario del WWDC2010. Su precio inicial era de $4.99, pero fue rebajada a $1.99 y finalmente convertida en gratuita cuando sus fundadores decidieron priorizar el crecimiento frente a los ingresos, y comenzar a hacer pruebas con un modelo basado en publicidad (anuncios marcados con un altavoz naranja mezclados entre las noticias del usuario). Es una de las apps más habitualmente mencionadas en el ámbito de la presentación y recomendación de noticias, junto con Flipboard, Summly, Circa, Prismatic o Zite, que fue vendida a CNN en agosto de 2011 por veinte millones de dólares.
¿Por qué tendría sentido una adquisición de Pulse por parte de LinkedIn? Porque la red social profesional lleva ya tiempo intentando pasar de ser un sitio puramente funcional dedicado al networking profesional, a convertirse en un destination site donde consumir todo tipo de contenidos relacionados con ese mismo entorno. El desarrollo de LinkedIn Today, un sistema de recomendación de noticias destacadas, marca claramente ese interés: el de multiplicar el uso de la red, tanto en términos de páginas vistas como de stickiness. La evolución reciente de LinkedIn marca claramente esa transición: SlideShare es una herramienta de creación de contenido que lo mismo puede ser utilizada por los usuarios para exponer presentaciones creadas por ellos, como por empresas para mostrar todo tipo de materiales promocionales. Las patentes de Digg pueden ser utilizadas para crear sistemas de recomendación basados en la acción colectiva de todos los usuarios de LinkedIn o solo de aquellos que tienes en tu red, dando lugar a un modelo de lectura de noticias más social y orientado. Y Pulse es una capa de presentación en modo eye-candy para feeds RSS, lo que deja marcadamente fuera de juego a todos los agoreros que hablaban absurdamente de la muerte de dicho formato. El futuro de LinkedIn apunta a convertirse no en un sitio para almacenar tu curriculum e historial profesional y al que dirigirte a buscar labor o candidatos para uno, sino a centrar una parte importante de la atención del día a día del usuario profesional.
Vista la evolución del tema, todavía resulta más difícil entender la soberana estupidez de Google a la hora de deshacerse de un líder absoluto en el consumo de feeds RSS como es Reader. Desde el día que se anunció el cierre, Google ha conseguido, además de alienar completamente a muchos de sus usuarios más importantes, convertir a Feedly en la aplicación estrella de iPad, iPhone y Android en la categoría de noticias, demostrando una vez más la escasa fidelidad de este mercado y dando lugar a una destrucción de valor potencial irresponsable y con escasos precedentes. Que Google no supiese como poner en valor Google Reader no indica más que su incompetencia, y tanto la adquisición de Pulse como las reacciones de sus competidores así lo indican.
Ahora solo falta que cancelen también Google Alerts y FeedBurner, que llevan funcionando de manera absurdamente errática desde hace ya algún tiempo, para ver hasta qué punto la empresa se enfoca en los consumidores sociales de noticias y pierde definitivamente el favor de los originadores, en lo que sería ya una jugada maestra en los anales de la estupidez humana: mientras el entorno de la recomendación y el consumo de noticias adquiere más y más valor, una compañía se desprende de un activo que era ni más ni menos que el líder en ese sentido, una pieza bien desarrollada con la que podía haber desarrollado cualquier cosa, y lo hace además indignando a sus usuarios y sin proponer ninguna alternativa más que la de irse a la competencia. Sí, en las empresas grandes y admiradas también se toman decisiones estúpidas e incompetentes.




Link original:Pulse, LinkedIn, y la interesantísima batalla por dónde y cómo se consumen las noticias
24 marzo 2013 | admin
Twitter cumple siete años, y lo celebra con un vídeo. Interesante ver la dimensión que ha alcanzado aquel servicio que apareció prácticamente por accidente como una manera de poder saber qué hacían y dónde estaban los miembros del equipo de Odeo, y que consistía simplemente en el intercambio de mensajes de ciento cuarenta caracteres. Detrás del éxito de Twitter, muchísimo que aprender en cuanto a modelos de innovación, fuentes de la misma, capacidad de reacción y adaptación al medio, y muchísimas más lecciones que suelo comentar en clase con mis alumnos. Una compañía capaz de crear un ecosistema enormemente abierto, de aprender del uso que se hace del mismo, de aprovechar / aprovecharse de la comunidad de desarrolladores creada en torno al mismo, y de tener fe en que un producto que apasiona a sus usuarios termina por generar un modelo de negocio viable.
23 marzo 2013 | admin
Ayer me llamaron desde El Confidencial para hablar sobre la reforma de la ley de propiedad intelectual perpetrada por el gobierno, y hoy lo han publicado bajo el título “Internet clama contra la reforma de la ley de Propiedad Intelectual“.
Una oportunidad perdida para intentar adaptar la propiedad intelectual a la era digital, y una demostración de que este gobierno confunde intencionadamente la protección de la propiedad intelectual con el intento de preservación a toda costa de los beneficios de empresas discográficas y editoriales.
Una mala ley, absurda, inútil, cuya tramitación raya directamente en la corrupción, que lesiona derechos de los ciudadanos con el único fin de evitar un supuesto problema que ya se ha demostrado fehacientemente que no lo es. Una ley contra la que solo cabe una respuesta: la desobediencia civil.
Mención aparte merece el caso de Google: una empresa que ha aplicado su lobby a influir sobre el texto de la ley con el fin de obtener su exclusión de la misma, forzando una situación a todas luces incoherente: en muchas ocasiones, cuando alguien pretende descargar al margen de los canales de la industria, por ejemplo, una canción, lo que suele hacer es dirigirse directamente a Google y teclear en su caja de búsqueda la combinación “título” + “artista” + download + free, y seleccionar la opción más adecuada. Hagamos una demostración práctica con propósito puramente didáctico: si quiero obtener la canción “If you want blood” de AC DC, todo lo que tengo que hacer es entrar en Google, teclear esto,

y obtendré una página de resultados, en la que únicamente tengo que hacer clic en la que aparece, en mi caso, como séptima opción, para obtener la canción en descarga directa desde, por ejemplo, esta página, mp3.li. Ya está: clic con el botón derecho en el enlace correspondiente, y ya tienes la canción sonando en tu ordenador. Sin pagar nada, sin que los propietarios de los derechos reciban nada, gracias a la búsqueda de Google. Incluso Jose María Lassalle sería capaz de hacerlo. Sin embargo, ¿qué ha ocurrido? Que Google es completamente inocente, pero otras muchas páginas en las que se pueda plantear esta misma búsqueda, supuestamente no lo son.
Y mi página, dado que es simplemente la página de un profesor que está ilustrando un ejemplo y que “su principal actividad no es la de facilitar de manera específica y masiva la localización de obras y prestaciones que indiciariamente se ofrecen sin autorización”, supondremos que queda igualmente exenta de la aplicación de la ley. ¿No es así?




Link original:Hablando sobre la reforma de la ley de propiedad intelectual, en El Confidencial
23 marzo 2013 | admin
David González me llamó para hablar sobre la posible vuelta de España a la llamada Lista 301, sobre la que he hablado en múltiples ocasiones, y sobre la actitud de una industria de contenidos que prefiere claramente – o incluso promueve activamente, como ya ha hecho en otras ocasiones – que nuestro país esté en esa lista como forma de presionar al gobierno para que la favorezca en sus decisiones. El pasado jueves publicó algunas citas de nuestra conversación en La Información bajo el título “La industria de contenidos prefiere volver a la lista negra de la piratería para que Wert endurezca las leyes“.
Toda una demostración de hasta qué punto nuestro gobierno utiliza excusas triviales y absurdas para supuestamente justificar sus favores a una industria que en absoluto aporta una cantidad significativa al PIB de nuestro país, y que no puede además justificar en modo alguno felicidad protección con una supuesta “protección de la cultura”: esto es negocio, solo negocio, nada más que negocio. No se defiende la creación protegiendo mediante leyes absurdas a quienes explotan a los creadores, y menos aún cuando las descargas jamás han sido un problema para la cultura en general, y menos aún para la cultura española en particular, que si algún problema tiene es precisamente su escasa presencia en las listas de descargas.
Jamás ningún país incluido en la Lista 301 ha sido sancionado de ninguna manera. No solo no han existido sanciones, sino que el solo hecho de plantearlas a países como China o Canadá resulta directamente ridícula e imposible de plantear. Pero la industria sigue utilizando esa lista, creada por ella misma en función exclusiva de sus intereses, como un ariete con que que supuestamente presionar a gobiernos como el español a aprobar leyes que atacan los derechos de sus ciudadanos. Un gobierno de idiotas, creando leyes idiotas que no van a solucionar nada, porque no había nada que solucionar, y que cuando viene la industria a amenazar con su lista 301, automáticamente aprueba sin discusión toda ley que le dicten. Demencial.
La ley Lassalle es una ley que debería llevarnos a promover, por puro comienzo de acción y reacción, la situación inversa a lo que supuestamente pretende: ante su aprobación, más descargas, más desobediencia civil, menos ventas. Si la industria de los contenidos lesiona tus derechos y convierte la red en un estado policial, protesta de la mejor manera en que puedes hacerlo. Si no quieren caldo, van a tomar dos tazas.




Link original:Sobre la absurda lista 301, en La Información
22 marzo 2013 | admin
Aprobada una nueva reforma de la legislación sobre propiedad intelectual, que endurece los contenidos introducidos por la Ley SindeHoy el Consejo de Ministros ha aprobado la Ley Lasalle, una nueva reforma de la Ley de Propiedad Intelectual, que actualiza y endurece la conocida como Ley Sinde, siendo esta una disposición particular de la propia Ley de Economía Sostenible que propuso el Gobierno de Rodríguez Zapatero en 2009.
La reforma de hoy supone la continuación de la agenda de modificaciones sobre la legislación en materia de derechos de autor. Esta llega tras la aprobación hace un año del Reglamento de la Ley Sinde, conocido como la Ley Sinde-Wert (que pondría en marcha en junio de 2012 la Comisión de la Propiedad Intelectual, encargada de abrir expedientes a las primeras páginas web que enlazaran, supuestamente, contenidos sujetos a derechos de autor)
A continuación explicamos las claves de esta nueva reforma de la legislación española en materia de propiedad intelectual, en otras palabras, qué es la Ley Lasalle y qué diferencias hay con regulaciones anteriores, como la Ley Sinde. Como curiosidad, añadir que esta reforma no se conoce como “Ley Wert”, si no que hace referencia al Secretario de Estado de Cultura, José María Lasalle, del propio Ministerio de Educación, Cultura y Deporte que dirige José Ignacio Wert.
Mayor censura en la red
Con esta nueva Ley Lasalle, cualquier web de enlaces que “haya causado o sea susceptible de causar un daño patrimonial a los titulares de derechos de autor” podrá ser retirada. Ello a pesar de que estos sitios web no alojen contenidos, y sí lo hagan en servidores extranjeros. Con la reforma en la mano, será más fácil actuar contra este tipo de páginas.
Sin embargo, se contempla la excepción de buscadores como Google, que enlacen “de manera ocasional” contenidos, contra los que no podrán actuar.
En palabras del ministro Wert en el Consejo de Ministros de hoy, lo que diferencia a esta reforma de la Ley Sinde es que “distingue bien deliberadamente el uso ilícito y lucrativo de la tecnología cuando abusa de los derechos de propiedad intelectual”.
Identificación de “infractores” por operadores de telecomunicaciones y empresas de publicidad
Otro de los aspectos controvertidos de esta Ley Lasalle es el que dota a los operadores de telecomunicaciones y empresas de publicidad del papel de vigilantes de la red. El principal objetivo es que cualquier empresa que tenga relación con una “página pirata” deba identificar a los infractores (agilizando su bloqueo).
Cambio en la definición de copia privada
En 2006, se definió la “copia privada” como “la copia que se hace en el ámbito privado, y por lo tanto legal, solo si se hace a partir de obras a las que se haya accedido legalmente”. Este último inciso deja fuera claramente a las copias realizadas a partir de las descargas de Internet, aunque jurídicamente sea entendido como un concepto impreciso.
La Ley Lasalle termina con el debate legal existente, también planteado en otros países como Alemania o Austria, favoreciendo explícitamente a la industria de los contenidos. En la nueva reforma, se menciona expresamente qué significa “acceso legal”, restringiéndolo a “aquellas copias que se hagan de un soporte original, por lo que la obra ha de estar en un soporte, y siempre que se haya adquirido de forma previa en propiedad”.
Así se excluyen del concepto legal de “copias privadas” a aquellas obtenidas a través de Internet, pero también a las copias que puedan realizarse de material alquilado o prestado (en otras palabras, será ilegal copiar una obra que te haya dejado un amigo).
Gravar a las Universidades: la vuelta de tuerca del canon digital
Otra de las grandes polémicas que trae esta reforma es el traslado de una parte del canon digital, que actualmente sale de los Presupuestos, a las Universidades. Con la ley en la mano, se obliga a los centros académicos a que deban pagar a CEDRO (que para más inri, fija libremente los precios) por la reproducción de contenidos (aunque esta se haga con fines educativos y/o divulgativos).
Refuerzo de la Comisión Sinde
La Ley Lasalle además “pone por escrito” algunas de las funciones de la Comisión de la Propiedad Intelectual, que ve reforzado su poder al convertirse en una especie de “tribunal de excepción para los casos de la propiedad intelectual”.
No sólo podrá ir contra las famosas “páginas de enlaces”, si no contra todas las webs que hayan sido denunciadas por vulneración de derechos de la propiedad intelectual. Esto significa que todas las páginas deberían vigilar también los contenidos aportados por los propios usuarios (por ejemplo en el caso de los foros), para evitar que se introdujeran contenidos o enlaces “ilegales”. Esta parte de la Ley es bastante cuestionable ya que existen argumentos que explican que es contraria a la propia Directiva 2000/31/CE de la Unión Europea.
La Comisión no sólo podrá exigir a la web denunciada la retirada del contenido específico (o incluso la posibilidad de cerrar páginas sin autorización judicial), si no que también podrá imponer multas económicas con sanciones de entre 150.001 y 600.000 euros.
Supervisión de las sociedades de gestión de los derechos de autor
Tras los escándalos existentes en entidades como la SGAE, la Ley Lasalle también incluye cláusulas con el objetivo de reforzar la transparencia de dichas sociedades. Estarán obligadas, entre otras cosas, a realizar auditorías de su funcionamiento, y al establecimiento de escalas para las diferentes sanciones económicas en caso de infracción.
Esa nueva reforma de la propiedad intelectual supone un endurecimiento de los planteamientos de la Ley Sinde, no adaptando en ningún caso la LPI a la nueva realidad digital en la que vivimos. La creación de un escenario muy escaso competitivo para el sector digital, reduciendo las posibilidades de crecimiento del desarrollo tecnológico y cultural, son sin duda malas noticias para nuestra economía.



Link original:Qué es la Ley Lasalle y en qué se diferencia de la Ley Sinde
22 marzo 2013 | admin
Mi columna en Expansión de esta semana se titula “Llega el smartwatch“, y habla de la irrupción inminente en el mercado de la llamada “electrónica de consumo” de un nuevo objeto, el reloj de pulsera inteligente o smartwatch, con frontal de presentación de la hora ajustable a las preferencias del usuario, conexión con el smartphone para controlar quién te llama, qué canción suena o qué mensajes o eventos son recibidos, y toda una nueva generación de apps desarrolladas específicamente para ese nuevo periférico.
Básicamente, es lo que hablamos en un artículo del blog de hace cierto tiempo, pero tamizado por la evolución competitiva: ya no hablamos de algunas startups y de proyectos financiados en Kickstarter, ya no se trata de aventuras procedentes de competidores aislados del lado de la electrónica o del mundo de los relojes… ahora ya estamos en las “grandes ligas”: la supuesta irrupción de Apple, la reacción de Samsung, y toda la dinámica competitiva y de marketing que llevará a que, en no mucho tiempo, la curva de adopción del smartwatch se haya generalizado y veamos uno seguramente no en cada muñeca, pero sí en muchas de ellas…
A continuación, el texto completo del artículo:
22 marzo 2013 | admin
Hace unos días me llamaron desde la Asociación Española de Prensa Gratuita (AEPG) para hacerme una pequeña entrevista telefónica hablando sobre modelos publicitarios, desarrollo de las redes sociales, branded content o “periodismo de marca”, desarrollo de ecosistemas y hábitos de consumo de información, interacción con el cliente, y temas relacionados.
Lo publicaron ayer bajo el título “Enrique Dans: ‘hay futuro para la gratuidad’“.




Link original:Entrevista en la Asociación Española de Prensa Gratuita
21 marzo 2013 | admin
Un genial tweet de Mauro Fuentes, @Fotomaf, pone voz al sentimiento de muchos usuarios con respecto a Google tras la última Spring cleaning en la que decidió matar a un producto con una base de usuarios tan fiel y tan sólida como la que tenía Google Reader: “Google Keep calm and use Evernote“, usando el diseño de la famosa propaganda británica de la Segunda Guerra Mundial y enlazándola con el lanzamiento de un nuevo producto de Google llamado Keep que pretende ofrecer una herramienta de repositorio personal y competir con la hoy ubicua Evernote. Mi respuesta en ese mismo sentido fue sin duda bastante más grosera.
Este es el tipo de respuestas que deberían llevar a la compañía de Mountain View a hacerse consideraciones sobre su evolución: con Reader, Google invadió un terreno que contaba en su momento con líderes sólidos como Bloglines y otros, y lo conquistó completamente. Tras eso, anuncia su retirada mostrando un absoluto desdén por los usuarios y dejando el escenario competitivo hecho un erial, sin molestarse siquiera en plantear un posible reemplazo o en rediseñar la función. El torpe intento de Google de ofrecer un posible remedio, hecho a posteriori y con rostro de “Uy, ¿he roto algo?” no sirve más que para comprobar con qué ligereza se toman las decisiones en esa compañía, y hasta qué punto les importa la experiencia de unos usuarios que, para ellos, no son más que pares de ojos que vender adecuadamente segmentados a los anunciantes. Unos anunciantes que, por cierto, deberían preocuparse por mirar qué está pasando en su patio trasero y plantearse si realmente Google es adecuada para confiarles su inversion publicitaria.
La alienación, o proceso de transformación de la conciencia, es un concepto complejo. En muchas ocasiones se produce vinculada con un evento determinado, perfectamente identificable, que da lugar a ese cambio en la consideración de algo o alguien. En los tiempos actuales, además, la alienación se acompaña, en muchos casos, de algún tipo de demostración pública en forma de actualización de la red social preferida por el usuario, lo que desencadena un proceso de alienación colectiva, de identificación con el queja de muchos. Solo que, además, el queja ya no se queda ahí, en un “vaya por dios”, sino que se convierte en otra cosa. En este caso, en una clarísima pérdida de confianza. En un “te la guardo” que adscribe de manera irracional pero evidente comportamientos humanos a una organización con procesos de decisión supuestamente complejos.
Muchos pretenden defender la decisión de Google de cerrar Reader como una decisión empresarial basada en el beneficio que la herramienta ofrecía, o con los costes de su desarrollo y mantenimiento: el análisis es extremadamente simplista. Primero, porque en ningún momento Google intentó siquiera poner en valor el servicio, aunque podría haberlo hecho mediante publicidad (sabe hacerlo, y de hecho ya había varias empresas aprovechando el hueco que Google dejaba ahí), mediante suscripción (tiene mecanismos desarrollados para ello) o usándolo como generador de atención hacia otros servicios (integrándolo en Google+, por ejemplo, servicio del que siempre se ha dicho que tiene un problema de stickiness). Segundo, porque juzgar un producto únicamente a la luz de su cuenta de resultados individual cuando pertenece a una cartera compleja es profundamente cortoplacista e ignora consideraciones de sostenibilidad derivadas precisamente del citado proceso de alienación del usuario. Y tercero, porque los usuarios no son todos iguales, no son números fríos, y en este caso no hablábamos de usuarios cualquiera, sino de los usuarios más avanzados, más intensivos y más relacionados con la generación de contenido que Google tiene. Lo que ha hecho Google es como servir un catering en mal estado en el intermedio de la gala de los Oscar, con todos los actores presentes: de semejante pifia se entera hasta el apuntador.
Ahora, ante un producto nuevo, la reacción ya no es “qué bien, es de Google, voy a probarlo”, sino “¿de Google? Paso, que seguro que lo cancelan en alguna de sus Spring cleaning“. En mi caso, ya he dejado de usar y recomendar Google Bookmarks, y me he vuelto a Delicious, un servicio decididamente mejor por sus capacidades sociales y del que jamás debí salir. Sigo mirando otros posibles productos de Google que pueda abandonar para evitar una concentración de mis riesgos en una empresa con el escaso criterio que ha mostrado Google (hay un pato por ahí que me mira muy bien últimamente) y me pensaré muchísimo adoptar o recomendar los servicios nuevos que pueda lanzar. ¿Google lanza Google Keep? They can keep it to themselves… que se lo guarden para ellos, que yo con mi Evernote estoy fenomenal.
Oficialmente, soy un usuario alienado. Y no sé por qué me da que no soy el único.




Link original:Google: alienando a sus usuarios
20 marzo 2013 | admin
Exigimos la retirada de la Ley Lassalle (nueva reforma de la Ley de Propiedad Intelectual.
Exigimos la retirada de la Ley Lassalle y la apertura de un diálogo equilibrado, moderado por un mediador neutral, entre las autoridades, ciudadanía en general, artistas, creadores e industria, con el objetivo discutir sobre las auténticas reformas necesarias en la LPI en un diálogo abierto y honesto.
No podemos aceptar una reforma en la que la copia privada se convierte de facto en una mera copia personal en una clara desconexión con la realidad y una involución legislativa que no se podía ni concebir ni a finales del siglo pasado y que actúa directamente contra los intereses de creadores y artistas que ven en la copia privada una actividad que les beneficia y sin la cual, muchos no hubieran llegado a ser tales. También afecta a los derechos de todos los ciudadanos en su acceso a la cultura, no sólo haciendo ilícitas las descargas de internet, sino incluso actividades tan absolutamente comunes como hacer una copia de un original que un amigo haya prestado a otro.
Esta reforma crea un escenario anticompetitivo en el mercado digital y hace que el valor de la cultura española tenga menos posibilidades de ser expandida y por tanto monetizada, perjudicando nuestro desarrollo tecnológico y comercial y nuestra posibilidades de incursión en el mercado exterior.
Tampoco aceptamos que aquellos jueces que tienen que decidir sobre las presuntas infracciones de los derechos de autor sean sistemáticamente excluidos de desempeñar su labor con la creación de un tribunal de excepción al servicio de los lobbys de algunos intermediarios de la industria del entretenimiento. Es una aberración intolerable que nada hace por mejorar la relación cada vez más distante entre ciudadanos y el legislador y perjudica en mayor medida a los creadores y artistas en general en su percepción social.
La ley de Propiedad Intelectual debe amparar los legítimos intereses sociales de la ciudadanía para acceder a la cultura y que los autores se vean remunerados de forma justa para que así sigan creando.
En este sentido no se están tomando las decisiones valientes y activas para que la LPI se adapte a la realidad digital, dando tanto a creadores como industria, las herramientas necesarias para innovar en Internet y afrontar los desafíos que se plantean. Las huidas hacia delante no son, en realidad, nada más que intentar evadirse de la tozuda realidad que acabará por imponerse con mayor o menor sufrimiento para todas las partes implicadas.
Creadores, artistas, ciudadanos en general e industria merecen algo mejor que esto.
20 marzo 2013 | admin
Mensaje recibido tras intentar reproducir la 7ª sinfonía de Bruckner en mi ordenador utilizando iTunes: mi ordenador no está autorizado para descargar y reproducir una obra por la que ya he pagado, porque “ya he dado autorización a cinco ordenadores con este ID de Apple“.
Anton Bruckner murió en 1896. Jamás se casó ni tuvo descendencia. Ciertamente, esta restricción no está pensada para beneficiar al autor ni a sus herederos. En su momento, hace ya muchos años, decidí adquirir esta obra, junto con muchas otras, en la tienda Apple. Por una cuestión de simple conveniencia. Pero obviamente, me equivoqué. No debería haberlo hecho. Debería haber obtenido esta obra (y todas las demás) a través de canales irregulares, o de páginas como ésta, y esto que hoy me ocurre no es más que el empeño de la industria discográfica por demostrármelo.
¿Por qué la industria discográfica se empeña en demostrarme que hago mal si me gasto mi dinero en sus productos? Si hubiese adquirido un CD físico, podría reproducirlo en todos los aparatos que me diese la real gana. Podría llevármelo conmigo de vacaciones, prestárselo a un amigo… obviamente, mi mujer y mi hija podrían sencillamente coger el CD de la estantería y reproducirlo ellas también, sin ningún problema y sin incurrir en ninguna presunta ilegalidad. Sin embargo, dado que opté por adquirir el producto a través de iTunes, en cuanto he autorizado a cinco ordenadores (el mío previo, el de mi mujer, el de mi hija, el sobremesa de mi casa de vacaciones y el de ésta), ya no puedo reproducir la obra – por la que pagué el precio indicado – en un sexto ordenador. Que sí, que normalmente, un usuario no tiene tantos ordenadores… ¿y qué? Quedémonos con el hecho: por prescindir del soporte físico, algo que intrínsecamente reduce costes a la industria, no solo se me reducen las posibilidades de uso, sino que además, se me trata como a un “presunto delincuente” que está supuestamente circulando la obra con terceros, razón real por la que esa restricción está ahí.
En realidad, esa restricción no está ahí porque Apple lo haya decidido ni porque la quiera imponer a sus usuarios. Está ahí como obligación a la que las discográficas fuerzan a Apple si quiere tener acceso a su catálogo de obras. Dada la torcida mentalidad de las discográficas, esa restricción intenta impedir que “pague uno y consuman todos”, cuando la realidad es que eso es perfectamente posible en cualquier caso, y que la única manera de evitarlo es promover un sistema que haga tan fácil y tan disuasorio pagar, que ni siquiera compense andar buscándose las vueltas para evitarlo. En este caso, por haber pagado, obtengo un producto limitado: las discográficas siguen otorgando prioridad al consumo de pedazos de plástico, su negocio “de toda la vida”, y demostrando que en la red prefieren seguir planteando restricciones y poniendo palos en las ruedas del desarrollo de un negocio que ven que, como no podía ser de otra manera dada su mentalidad del siglo pasado, se les escapa. En el cine ocurre algo parecido: hace escaso escuché a un directivo de la industria decir que “el alquiler de una película en la red debería costar como tres o cuatro entradas de cine, porque lo normal es que la vean tres o cuatro personas”. Impresionante mentalidad y visión de negocio.
Es el momento de que rompamos la absurda inercia de los últimos años. No, nadie quiere “el todo gratis”, como de manera absurda y maniquea se ha empeñado la industria en insistir a través de su cerril dialéctica. Nadie está en contra de los creadores, salvo de los que absurdamente arremeten contra su público. Nadie está en contra de la sostenibilidad de la actividad creativa ni de los que se dedican a ella. Lo que se busca es un desarrollo genuino del ecosistema digital que todos disfrutamos, un flujo de las obras en la red que ofrezca ventajas a todos, a los creadores y a los consumidores. Que permita repercutir los importantísimos ahorros en costes de todo tipo que la tecnología posibilita y la industria pretende negar. Que ofrezca a los creadores acercarse a su público, comunicarse, favorecer esos vínculos emocionales que llevan al pago por los productos, y alejarse de la dialéctica envenenada a la que una industria avariciosa y perversa nos ha llevado durante demasiados años. Que dé lugar a un ecosistema en el que las obras estén disponibles para aquellos que quieran acceder a ellas a través de todo tipo de formatos y modelos de negocio: en acceso gratuito financiado con publicidad, en modo pago por descarga o por streaming, en modo suscripción con tarifa plana, y en todos los modelos que puedan aparecer y tengan sentido.
Necesitamos una nueva generación de políticos responsables que abandonen el servilismo a una industria caduca, que dejen de perseguir inútilmente a los ciudadanos, que entiendan que el escenario ha cambiado, y que lo mejor para la cultura, para los creadores y para los ciudadanos no es seguir lo que se dicta desde la apolillada y corrupta industria cultural. Que una industria que contrata a ex-políticos implicados en abundantes casos de corrupción como Christopher Dodd ya lo dice todo de sí misma, y que es mucho mejor tenerla lejos.
Y sobre todo, que las políticas de desarrollo cultural no tienen por qué ser homogéneas. Que las medidas que supuestamente favorecen a la industria cultural norteamericana no tienen necesariamente nada que ver con las que servirían para fomentar la cultura española. Que el problema de la cultura española, desgraciadamente, es que no se descarga, ni de redes P2P ni de ningún otro sitio, y que lo mejor que podría pasar a los creadores españoles sería que sus obras fuesen récord de descargas en las redes P2P de todo el mundo. De verdad. Las tecnologías no son buenas o malas, son lo que queramos hacer con ellas. Y la red puede ser un formidable vehículo para el desarrollo y la sostenibilidad de la cultura. Los ingresos, llegado ese muy deseable caso, vendrían rodados.
Es el momento de resetear.




Link original:Ejemplificando restricciones artificiales en la música
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