El gato detrás de la Internet Defense League

24 julio 2012 | admin

La noche del jueves pasado, la Internet Defense League hizo su lanzamiento proyectando su logotipo en las paredes de varios edificios en ciudades como San Francisco, Nueva York y Londres. La imagen, a modo de parodia de una batiseñal, fue protagonizada por un gato. La pregunta es: ¿por qué la IDL adoptó a uno de estos felinos para abanderar su causa? Para muchos usuarios en Internet, el gato forma parte de la cultura popular de la web. Las imágenes de lolcats o los vídeos de gatitos en YouTube son parte del humor cotidiano. Sin embargo, ia elección tiene un trasfondo más interesante.

En 2008, el blogger y académico Ethan Zuckerman enunció la Teoría del Gato Lindo sobre Activismo Digital. Zuckerman señala que la mayoría de la gente no está interesada en el activismo, sino que busca usar la web para propósitos mundanos, como buscar pornografía o lolcats. Los usuarios emplean ciertas herramientas en línea para estas actividades (por ejemplo, redes sociales como Twitter o Facebook), por lo que estos servicios se hacen populares. En ese sentido, Zuckerman indica que para los activistas es mejor utilizar estas plataformas en lugar de crear sus propios sitios, pues el eventual cierre o censura gubernamental de un servicio concurrido genera más incomodidad en el usuario común.

La teoría sostiene que la web 1.0 fue creada originalmente para permitir el intercambio de artículos académicos entre expertos, mientras que la 2.0 tuvo como objetivo “permitirle a la gente compartir imágenes de gatitos lindos”. Ojo, no se tome de forma literal la expresión; lo que Zuckerman señala es que la web fomenta el intercambio de contenidos sin importar cuán escaso útil pueda parecer. Lo interesante es que, una vez que un servicio se consolida como una herramienta de uso mundano, es mucho más propensa a ser empleado para activismo en línea.

Así, tiene todo el sentido la apropiación del gato por parte de la Internet Defense League. Se trata de un esfuerzo colectivo en el que la gente utiliza sus propios sitios (blogs, cuentas de Twitter o Facebook) para difundir información y herramientas contra legislaciones que atenten contra la web. Para frenar ese movimiento, los gobiernos tendrían que cerrar estos servicios, algo altamente improbable por la inconformidad que generarían en los otros usuarios. Curiosamente, sin estar conscientes de la causa, la gente común termina por ser un factor esencial en la protesta: funciona como escudo para el activista y como presión para el gobierno. La revolución será gatificada.



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